Adriana Banica y Catalina Minculeasa son, como sabéis, mis dos niñas rumanas, vuestras compañeras de clase. Su profesora del Aula Temporal de Apoyo Lingüístico (en adelante, ATAL), Paqui, me sugirió esta idea: que nuestras niñas escribieran un texto que conocieran bien en lengua rumana y que la historia coincidiera en lo esencial con la que conocemos en español. Es el cuento de Pulgarcita el que ellas nos van a contar, primero individualmente, después, las dos juntas.

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Me he decidido por páginas indepedientes porque entiendo que es la mejor manera de que -y ahora me dirijo a vosotras dos- os enfrentéis a la pantalla en blanco. Pero no estaréis solas: os tenéis la una a la otra, me tenéis (claro está) a mí y a nuestro Ale Dumitru, ya expertísimo y manriqueño de pro. Gracias, Ale. Así también tú depurarás tu español.